jueves, 29 de noviembre de 2007

EL MURO

A Berna Wang
Por Juan Manuel Parada



Oye un rumor en el aire, mira hacia el horizonte y ve los topes de los edificios que pueblan el Este de la ciudad, opulenta zona donde vendía rosas hace sólo algunos meses. La muchacha cierra los ojos y recuerda esos días entre la gente perfumada y bien vestida a quienes quería parecerse.
Al trote, hombres y mujeres se cruzan en los jardines del Paseo Torres. El olor a tierra húmeda reconforta sus trayectos. El primero en detener su camino para oír mejor el rumor, es un muchacho de ropas ligeras que pasea en bicicleta. Tres damas regordetas y bien emperifolladas, viéndole en dicha postura (como atinando un sonido) no dudan en preguntarle.
-Estás bien ¿verdad? -dice la rubia, echando una mirada a sus piernas.
-¿No oyen? -replica él, señalando con una mueca en dirección al lugar del ruido.
-¿El Alcalde inició el muro? -dijo una.
El muchacho las ve conversar pero no deja de oír el rumor, avanzando rumbo ellos.
-Parece zumbido de abejas -balbuceó la rubia.
La muchacha deja su imaginación y suelta un suspiro al caer en cuenta que ya no verá los tupidos jardines de las casas del Este y las lujosas exhibiciones con las que tanto soñó en las noches. Afloja sus manos y la escoba con la que barría se va al suelo con su esperanza. Recuerda el discurso del actual Alcalde prometiendo hacer un muro para dividir la ciudad, y un vacío impera en sus ojos al oír el rumor. Abandona sus oficios y se va a pasear por el Este antes de que el muro se lo impida. Llegada al punto que divide la ciudad y viendo lo que surge en el horizonte, se arrodilla, devastada. 
El Alcalde sale al jardín y elevando su rostro al cielo, inhala fuerte, orgulloso. Con las manos en la cintura se regodea en las nuevas flores mientras el canto de los canarios le acaricia los oídos. En eso se distraía antes de ir al despacho cuando percibió el rumor.
-¡Amor, la gente está feliz por la construcción del muro!
El Alcalde contrae las cejas y mete sus manos en los bolsillos. Da la espalda a su mujer y bajando la mirada al piso supone que es una estrategia de su contratista para comenzar la obra.
-¿Oyes ese rumor?
-¡Claro estúpida, lo corrieron mis enemigos!
La gorda de dorados cabellos camina entre sus dos amigas discutiendo la procedencia del ruido que ya casi las envuelve. De sus imaginaciones desapareció la idea de la construcción mientras el rumor se fue haciendo más nítido y menos metálico. Una brisa las abraza y caen al piso esparciendo sangre: una sin las orejas, otra sin las dos manos y la catira sin su gran culo. Entre gritos y quejas las mujeres se miran desorbitadas, sintiéndose cada una en su propia pesadilla. La grama del piso se esfumó con la antigua altivez de las damas, cuando otra brisa, más espesa, les cayó encima y las devoró.
El Alcalde se oculta tras la tienda de Objetos Raros y viendo las manchas de sangre sobre las pulcras vitrinas, vomita sobre los cadáveres. Sabe que también morirá pero guarda alguna esperanza. Recuerda sus promesas electorales y surge en él, como nunca, una especie de temor. Ahora todos quienes le apoyaron y protegieron no son más que mierda apilada; no hubo plata salvadora ni apellidos influyentes. El rumor le circunda. “¿Qué pasó?” pregunta tras de sí una angustiada voz femenina; el Alcalde voltea y al ver sus humildes ropas se tira sobre sus pies, creyendo que la masacre la organizaron desde el Oeste.
-Diles que no me maten.
La muchacha queda estática al ver la reacción del Alcalde. Recuerda su afilado rostro en prensa y televisión prometiéndoles el muro. El Alcalde siente que podría salvarse jurando abrazar su causa. La muchacha intenta decirle algo pero él se lo impide. Alza el rostro al oír rumores dispersos unificándose hacia ellos. El Alcalde lo nota y en su mente prepara el discurso en nombre de su redención; mucho antes de comenzar siente una brisa caliente recorriéndole la piel.
La muchacha ve con estupor cómo la nube demoledora de hace algunos segundos es ahora una muralla que atraviesa la ciudad. Se levanta limpiándose las rodillas y pasa su tierna mano sobre los ásperos bloques comprobando que ya no sueña, que sí los han dividido. Suelta un leve gemido y vuelve a casa de la abuela. Está destinada a ser del Oeste. Y ya fuera de su ensueño, una sonrisa maligna se le dibuja en el rostro, pensando que detrás del muro que va dejando a sus pasos, una espesa nube se está tragando la luz al ritmo del algún rumor… su ensueño estará latente más allá de la muralla.

26/11/2008
Madrid.

9 comentarios :

claudio c. dijo...

marqueciano, y muy logrado, esta redondo, aunque yo sea un ignota esto está de "revista"

Juan Manuel Parada dijo...

Estimado Juan Manuel, lei el cuento y la entrevista. El cuento esta muy bien logrado, entero, pude ver el Cuzco, a sus habitantes, la bemberria que se armó con el muerto. Le mande el link a algunos amigos. La entrevista quedo muy bien; no sabia que te habia dado tan buenas respuestas.

Un abrazo


Jose Acosta

Juan Manuel Parada dijo...

Héctor Amarante dijo:
(En un correo que me envió)

Saludos, Sr. Paradas, mis felicitaciones por la presentacion y el contenido de su blog, el cual he visto en un mensaje de mi amigo Jose Acosta, a quien siempre recuerdo. Me permito saludarlo de nuevo con este motivo, a la vez invitarlo a visitar mi web www.contextualismo.com. dedicada a la produccion literaria de un movimiento fundado en Rep. Dominicana, por Cayo Claudio Espinal. Gracias por su pagina. Héctor Amarante

Tibisay Rodríguez Torres dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Marco Tulio Gentile dijo...

Un Pecado, cuento necesario.

Primero voy a comenzar con unas consideraciones estéticas, luego daré mi opinión de lo que me pareció en su justa medida, un cuento de antología; lo hago de esta manera porque es muy feo dar una crítica positiva y terminar con objeciones. Entre el escritor Juan y yo, existe una absoluta sinceridad que se manifiesta en todo lo que hacemos, decimos, formal o informalmente.

Consideraciones estéticas:

Tengo entendido que la figura del narrador es una anciana; ya que allí todos lo eran, y siendo mujer, se planteó Juan un reto y lo asumió con altura irreprochable, sólo unas pocas frases, en mi criterio, desajustan la credibilidad del personaje:

“Comenzamos a bajar con nuestros pasos de viejos”, deberías, Juan, reajustar esa línea, ya que una anciana está acostumbrada a sus pasos de viejo, y lo diría de una forma distinta.

Ahora algo brutal:

“Quedé asombrada con esta historia que contó una vieja: andábamos a paso ágil y hasta reíamos y charlábamos; lo cual no era frecuente ni siquiera los domingos al salir a caminar” Aquí sí se manifiesta la vejez.

El detalle más resaltante del realismo mágico (si quisiéramos dar una etiqueta):

“Para salvar el alma de un pecador se requieren siete curas y siete días de rezos. Setenta personas de pie y mil Padre Nuestro por día.” Pero en ningún momento la historia desarrolla si ésto se llevó a cabo, y la verdad causa curiosidad el saber cómo lo lograrían.

Me ancantó:

“Los encaminé a casa del difunto y saludaron a Julián, quien pasó de brazo en brazo remachando su lamento: ¡No me resigno! ¡No me resigno!” Aquí se resume genialmente lo que muchos necesitarían cuartillas enteras para narrar el dolor de Julián.

Sinopsis:

Juan Manuel se enfrenta aquí a un cuento (porque se denota la lucha que para él significa pasar de sus temas urbanos a un contenido rural y aislado de la urbe), Traslada toda su experiencia literaria a un ambiente totalmente despegado de su subjetividad (ancianos, los andes, cultura post-colonial) y lo hace con mucha seguridad y entereza. Explora las creencias y arraigos espirituales de un pueblo misterioso que ha sido abandonado por Dios, incluso antes del suicidio profético de Rosendo. De cómo toman la muerte aquellos seres ingenuos y puros, santos si se le compara con el mundo actual. Pero lo más impactante de este relato es la entrada de los vicios e irregularidades que conforman el anarquismo citadino en los centros poblados. La corrupción de los valores (sin tratar de moralizar esta pieza), y la consecuente descomposición social a que se enfrentan los habitantes de Cuzco. El olvido, la saña, el egoísmo, ¡la perversidad! Es una nota clara y concisa del cuento. Así resumió Juan, en un ambiente totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados de él, los escenarios mentales más delicados a que nos enfrentamos diariamente. Es una obra de gran talante, con mucha sobriedad.

Hay quienes despotricarían el hecho de haberse valido de temas costumbristas y no de algo “vanguardista”, pero yo pienso que para hablar de valores, no sería precisamente esta época en donde nos deberíamos situar como punto de referencia y ahondar un contenido de tanta controversia.

Elena Yordanova dijo...

Hola Juan Manuel :) Nuestro amigo en común José Javier Mintilla me recomendó entrar en ese web site. Leí tu cuento "Un Pecado". Me ha gustado mucho! Lo leí en la mañana y me llenó el día de sentido y emoción ... Quería compartir esa impresión mía contigo y felicitarte. Me atrevo añadir (aunque yo no sé mucho de eso) que tu estilo me ha caído increíblemente bien! Estoy impaciente de leer el resto de tus cuentos publicados en este sitio :)

Un abrazo desde Bulgaria,

Elena

Jose Javier dijo...

Mi hermano estas pasao... te Felicito cada dia lo haces mejor, aunque no soy un literato ni nadaque se le parezca, mi pana te digo que estas para grandes cosas. Estoy orgulloso de estar entre tus amigos mas cercanos. Tengo muy buenas espectativas contigo. Sigue mejorando.

liz rojas dijo...

Pocas veces he conocido personas que no sólo teoricen sino que transfieran sus conocimientos a la realidad, y tu eres uno de ellos, puedo ver cada una de tus enseñanzas del taller materializadas en tu relato, pude pasearme por las calles del Cuzco y sentir la pesada atmósfera del funeral, me parece que el tratamiento de las imágenes en el texto es muy cuidadoso y bien trabajado. Esperaba que el final de las acciones fuera diferente, sin embargo también me gusta el giro realista que das al cuento.
Estoy segura de que en este espacio hacía falta la opinión de uno de tus estudiantes, por eso te felicito, y reconozco tus grandes habilidades para enseñar. Continua compartiendo tus experiencias y conocimientos pues son una gran motivación para aquellos que se inician en la creación literaria.

María Julié dijo...

Hola! Pasaba x aquí de casualidad, y ya que estoy comento. Me pareció muy bueno el cuento, me gustó mucho. Sólo pude advertir un detalle erróneo, aquí va para que lo puedas corregir si lo deseas:
"Pero seguía el hedor, el cadáver de Julián se había puesto morado y ya estaba tan hinchado que no cabía en la urna."
El cadáver era el de Rosendo, no el de Julián, no es asi?
Bueno, dejo mis saludos, muy buen blog.