martes, 9 de marzo de 2010

FOTOGRAFÍA


Por Juan Manuel Parada
El olor a asfalto húmedo me haría recordar cuando convencí a Melina que posara para mí. Fuimos a la vieja estación del tren, la abandonada. Las imágenes se suceden una tras otras, interpuestas e imprecisas, recuerdo deformado de una tarde tan lejana, tan evasiva, tan… ¿Qué sería de Melina y cómo tendría el culo? porque si algo tenía ella era un trasero que daba orgullo mirar.  Seguro se habrá casado y hasta botaría las fotos de aquella tarde.

Como había empezado a llover me guarecí en un barcito donde pedí una cerveza. Daba igual no llevar las imágenes encomendadas, total, ya no me toman en cuenta. Un viejo fotógrafo sin pasado glorioso, contando historias que ni él se cree. En la soledad del tugurio bebí la primera cerveza con una paz que extrañaba, un placer olvidado. Ese olor a asfalto húmedo, a carretera mojada, me llevó a un paraje de mí mismo, difuminado, perdido.
Y Melina delante de mí, tan precisa, tan entera, y yo desarmado con la cámara en la mano, buscando el cuadro perfecto. Del tren sólo quedaban escombros, piezas oxidadas y durmientes partidos. Y yo diciendo recuéstate allá y afloja la blusa… inclínate así, como derramando el pecho… y Melina tan ingenua, hasta se creía modelo, y yo con aquellas ganas de retratarla desnuda.
Enciendo un cigarro y me concentro en el sonido de la lluvia sobre el techo. El mesero aparece tras la estela de humo y me sirve la otra jarra. Antes de empinarla afino el recuerdo y no, no quería desnudarla… era más bien orgullo de tenerla, de su amor. Y no era ingenua la Melina, si más bien se le notaban las ganas de desnudarse y yo mirando a los lados y cuidado con la gente Melina, apenado y celoso… y ella sonriendo como la lluvia, soltándose la blusa y mirándome con la misma cara de aquella tarde cuando estaba yo en la plaza y ahí, sin conocerme, me dijo que qué hacía, y yo tomando unas fotos y ella con esa cara y esos pantalones blancos…
Un riachuelo de agua sucia baja a orilla de la acera. La cabeza se me bambolea como la bolsa de pan que el agua empuja carretera abajo. Hace calor y Melina se me ha escurrido como se escurren los árboles, gota a gota. La busco en los rincones más oscuros del recuerdo y vuela, se esfuma y se pierde entre mis dedos como el humo del cigarro. Hace tiempo los recuerdos no son más que botella rota.
Sigo el rastro de la bolsa hasta el final del riachuelo y así quedo, como la bolsa, solo y perdido en una calle cualquiera. Cansado. De la lluvia no hay rastro y de Melina tampoco. Pero no, no estoy cansado, confundido, tal vez, pero no agotado; la verdad no recuerdo si era Melina o era yo quien se moría por hacerlo en los escombros. Esta maldita memoria. De hecho no recuerdo si de verdad fue Melina o Mariela, una de ellas era dueña de un gran culo, alguna de las dos fue mi novia, pero este bendito olor, este asfalto humedecido me confundió. Si las ganas eran de ver su pecho derramado sobre la blusa, entonces era Mariela, además Melina estudiaba en las tardes. Ahora recuerdo, no era ella, era la otra, la del pecho tan bondadoso que lo tomaba a uno por asalto. Además venía mojada por la llovizna y la blusa ajustada a sus senos traslucía los pezones. Era ella, qué alegría que era ella… y era tarde, debía ir a la editorial a llevar las fotos encomendadas o me quedaría sin paga.
Cuando me di cuenta que había olvidado la carpeta volví al bar. Si no entregaba esas fotos no me darían más trabajo. Intento doblar el paso pero no estoy para trotes. El cielo se opaca y una ventisca se agita en la copa de los árboles. Miro alrededor y desconozco la zona.
Estoy casi al borde de los rieles del ferrocarril, justo enfrente del zanjón donde va a parar el agua de la ciudad. Nunca estuve por acá, supongo que vine tras la bolsa de pan arrastrada en la quebrada. Ahora sí estoy cansado y temeroso, no por el peligro de la calle ni por los recuerdos que me carcomen, sino por el despido seguro.
Una pesada gota me rebota en la nariz y una centella muestra los detalles en su esplendor, reflejando los cosas en el piso, en las ventanas, en todo lo que esté mojado. Debía correr si quería llegar a tiempo y recuperar las fotos. Eran como las seis, pero había oscurecido. Se me ocurre pensar que cada centella es una foto para avergonzarme. Yo, desempleado y solo, ebrio con dos cervezas, inventándome un pasado que ni yo mismo creería.
La lluvia es plena y el frío agudo. Miro el cielo desafiando las filosas gotas que caen como con rabia. Decido tomar la última foto, abro la toma y encuadro: La calle angosta, la ciudad grande, un riachuelo de agua sucia y las gotas como puñales. El viejo echado en el piso, abatido por la confusión de un pasado tan difuso que ni con fotos guardó. La mujer de pantalones blancos lo mira con asombro, la de grandes senos lo ve con lástima. Una centella los ilumina.

16 comentarios :

Omar Bravo dijo...

Llegué aquí de casualidad, Juan Manuel. He leído tu texto. Me ha parecido un muy buen cuento, de veras, sólido, redondito, sin excedentes de ninguna clase. Gracias por compartirlo.

Un saludo desde México.

Omar Bravo.

JUAN MANUEL PARADA dijo...

Gracias hermano por tu lectura. Un abrazo para México querido.

Ernesto Caldarelli dijo...

Bro, me dejé llevar entre estas líneas, una añoranza me atrapó, tiene un efecto tenaz, duro. Me gusta esto, este camino, esperaré otro como este.

Liz dijo...

felicidades Juan, cada vez me gustan más tus cuentos, me parece que en éste cada detalle cuenta. Me gusta la confusión que provoca, esa mezcla de lo real y lo onírico.

JUAN MANUEL PARADA dijo...

Ernesto hermano, gracias por pasarte por acá compa, estaré pendiente con más cuentos en esta línea.

Un abrazo

JUAN MANUEL PARADA dijo...

Gracias Liz, puede ser que cada día esté aprendiendo a escribir un tantico mejor.

Se hace lo que se puede.

Un abrazo.

Mariana Mujica dijo...

Muy bueno... El relato y la realidad del personaje mantiene la concentracion en la lectura, y ademas de la curiosidad y/o ansiedad que produce el cuento, en realidad... Me gusta mucho, felicitaciones...

JUAN MANUEL PARADA dijo...

Gracias mariana, recibe un abrazo y espero seguir viéndole por estos parajes.

JUAN MANUEL PARADA dijo...

PEDRO MANUEL RODRÍGUEZ DIJO:

saludos Juan, no te habia leido antes, me gustó, un buen juego con lo real y la fantasia, y adémas con lo sensual,

claudio sanchez l. dijo...

ar pelo compae ta de mas decir que cada vez vienen mejor! madrecuentonawwuaraloco

JUAN MANUEL PARADA dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
JUAN MANUEL PARADA dijo...

Compadre en realidad éste es el comentario que tenías que publicar en el blog.

CLAUDIO DIJO:

Es que la gente que comenta es muy culta juan! hacen comentarios muy cultos!!!
"oye, me parece que estás asentando el estilo, uno definitivo en todos los textos que van saliendo, ya los troqueles y los detalles dominados, herramientas listas; la inspiracion y la técnica de la mano en un cuento sino casi, perfecto"

JUAN DIJO:
¿será compa que después de tanto tiempo por fin estoy consiguiendo algo? que así sea hermano que así sea... JEJE

Gracias por la lectura y el retuiteo HERMANO.

nildhe dijo...

Querido Juan
ahora que llueve fuera de casa y leo tu cuento, siento en mi memoria como corre la lluvia a la orilla de la acera y me digo: no es la lluvia de aqui, es la del cuento de Juan. Gracias por esas imagenes, no por la tristeza que dejaste en mi corazon, esa tristeza nostalgica que bien manejas en la historia, me alegra leerte y saber que la creación sigue contigo
nildhe

manuel barreto m. dijo...

saludo ante todo. al decir verdad con la palabra directa y sin mucha prisa: me gusta este texto, no hay duda que la palabra y el ser creador hacen de nuestros sueños la voz màs oculta de nuestro ser y esta presente alternativas en las lineas narrativas cuando realizas acciones de esta naturaleza por el equilibrio de la imaginacion que nace de noche , de dia por siempre en los poros de nuestra existencia breve, como la carne que parimos màs allà del papel en blanco que te nombra silenciosamente en el valle yaracuyano, de manuel barreto.

JUAN MANUEL PARADA dijo...

Gracias poeta Barreto y gracias amiga Nildhe. Me place que lean estas humildes creaciones.
Reciben un afectuoso abrazo.

Anais Daniela dijo...
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