Por Juan Manuel Parada
La lluvia lo arrincona bajo
el toldo de la bodega. Resguarda el porta-cassettes detrás de sí porque Si
jodéj la mercancía te doy una pela. Ve la corriente sucia deslizarse a ras de
la acera y evoca el barco de papel que le hizo Papi aquel domingo bajo el
aguacero; luego vino la Judicial y le llenó el pecho de plomos; ahí, delante
suyo, con esas chaquetas negras abombadas de maldad.
Aborda el barco de papel y
zarpa en busca de Papi, Olga queda atrás deseando que una tormenta lo hunda en
la otra cuadra. Nene sabe que no lo quiere, ella se lo hubiera sacado como hace
ahora cuando engendra con Visitación, su nuevo hombre, su padrastro, pero Papi
no la dejó porque Si lo abortáj te coñaceo, le dijo levantando un puño.
El gordo que toma cerveza
le pregunta por Rubén Blades y luego de regatear le compra uno de los dos que
tiene. Con suerte, venderá otro y se salvará de las golpizas que le propina
Visitación. Pero tiene un plan y se vengará de él y de todos quienes le joden
acusándolo de marica. Cuando compre la navaja, con la plata que lleva ahorrada,
esperará que Visitación le muestre el sexo y deje salir esa voz burlona de
entre los pelos de su bigote ¡Vamos a montale cacho a Olga puej! allí, con una
sonrisa a medias se le acercará despacio y justo en medio de las piernas le
hundirá la fría hojilla. Después, iría por todo el que lo humillara, cortando
cuellos, puyando espaldas, sería el Nene Navajas y todos le temerían.
De la lluvia sólo queda el
olor a tierra húmeda y los charcos que Nene brinca mientras calcula las ventas:
noventa para Visitación y diez para él: Una malta, dos pecho e‘ niña y un
ratico pal atari. Evoca el sabor de su ya planificado almuerzo y la boca se le
hace una charca como la que brinca cuando se cruza con Mono.
El
aguacero te cayó encima cuando dormías en la zanja a orillas de la vía férrea.
Aún así no despertaste. La botella de anís y las ochenta piedras de anoche te
dejaron inconsciente. Volviste en ti porque las ganas de fumar invadieron tu
sangre y ni siquiera te diste cuenta que estabas empapado, sucio y herido. Sí
Mono, anoche atracaste al tipo que cruzaba el puente volviendo a casa, le diste
una golpiza que destrozó su cara pero en medio del forcejeo te pegó con un
alicate. No duele Mono, aún no, a tu cuerpo no le incomodan esas pequeñeces.
Bajas al barrio con las ganas locas de fumar piedra. Es de día Mono, sabes que
está difícil porque en el barrio pulula gente, las ventanas están abiertas y tu
fama es abismal. Cuando llegues con tu cara roja y ese pelo alborotado, las
puertas se cerrarán y quien se te cruce en la calle correrá sobre su rastro.
Además estás mojado y tienes la frente herida. Metes miedo Mono, das pánico y
eso te satisface aunque no tanto como la piedra… Cuando huiste del reformatorio
te hiciste amo de la calle. No naciste en la miseria y lograste fundirte a
ella, tu infancia no conoció un barrio pero te hiciste su rey. Ahora buscas a
quién robar para meterte la droga y el destino te compensa, Mono: ahí está el
Nene con su tabla de cassettes y su rostro afeminado.
Nene maldice cuando lo ve.
Siempre le temió, pero ahora se le planta de frente con los puños cerrados y la
cara alzada. Algo muy profundo le motiva a enfrentarlo. Sálvame mariquita que
toy engorilao, De vaina tengo pa mí y recibió una patada en el pecho que lo
tumbó de espaldas. Allí, encandilado por el sol, vio a Papi haciéndole de
caballo, a Visitación contando billetes y a su mamá tras la fila de hombres. De
nuevo Papi abaleado en la calle, y el cable con el que Visitación le pegó
porque sólo vendió un cassette.
Te
sientes grande Mono, excitado de poder. Odias a Nene porque es afeminado, pero
piensa Mono, piensa y recuerda… Cuando estás hasta las metras sabes cómo te
calientas… recuerda a Nene invadiendo tu mente con su rostro blanco y ojos marrones..
lo imaginas acompañándote hasta más allá del ferrocarril… pero debes ocultarlo,
Mono, por eso le pegas cuando lo ves: Sálvame mariquita, toy engorilao. El Nene
se alza y lo pateas Las mariquitas respetan y derramas sobre él una lluvia de
patadas… porque te ofende sentirte así… y además quieres más piedra.
Cada golpe lo asocia a Olga
con sus amantes, o a las burlas de Visitación y su sexo y sus bigotes… Se
levanta, aprieta los puños hasta clavarse las uñas en la palma de las manos;
sus orejas enrojecen. Desafía al Mono con su mirada.
En
las comisuras de tus labios se estampa una leve sonrisa, te parece increíble su
gallardía. Desenvainas la navaja. Tus ojos saltan de lado a lado en ágiles
movimientos, como nerviosos, pero no Mono, tú no temes, la sangre te exige una
dosis. Decides acabar de una vez para buscar al heladero de un solo ojo quien
te provee la piedra. El entorno se difumina, sólo son tú y el Nene con su cara
blanca y ojos de miel.
Es el Nene tirado en el
piso con la barriga enchumbada en sangre, la mirada hueca y el bolsillo vacío.
La hojilla oxidada del Mono le robó el último intento de valentía en el preciso
momento que pretendías ser temerario, como Papi. Y te equivocaste Nene, tu
cuerpo era débil y tus maneras delicadas para un acto tan gallardo… la calle es
violenta y la vida frágil. Ahora Olga lame a Visitación esperando que llegues
con la platica, el Mono negocia con el heladero y el gordo fanático de Rubén
Blades, quien vio la riña tras una pared, se acerca donde tú yaces, toma el cassette
que no pudo comprarte y huye de la escena como buen cristiano, sabiendo que por
asomado se puede meter en líos.
3 comentarios :
Recuerdo cuando leí este cuento, hace un tiempo, me impactó tanto como ahora, me dejó el corazón apretado. Puedo decirte con toda franqueza que transmite.
El último párrafo es un cierre inesperado y reflexivo.
Gracias por tu lectura Liz. Esta versión es para el libro Sequía que ya está en proceso de edición con la Editorial El Perro y la Rana en Caracas.
Que bueno, felicidades.Ya estaré leyéndolo entonces. un abrazo.
Publicar un comentario